Mi perro se marea en el coche: por qué y cómo acostumbrarlo
Muchos perros vomitan o babean en el coche, sobre todo de cachorros. En la mayoría de los casos no es un problema permanente: es cuestión de acostumbrarlo con paciencia, y a menudo se les pasa con la edad.
Por Javier, que ha convivido con una golden, una labradora y un perro de agua, y escribe todo lo que hay en esta web
Por qué se marea
Por dos motivos que se mezclan. El físico: en los cachorros el oído interno, que controla el equilibrio, no está del todo maduro, igual que a algunos niños. Las estructuras que detectan el movimiento terminan de formarse hacia el año, y por eso la mayoría de los que se marean de pequeños dejan de hacerlo solos entre los seis meses y el año y medio, sin que nadie haga nada. Y el emocional: si las primeras experiencias en el coche fueron malas (el viaje al veterinario, la separación de la camada, el traslado desde la protectora), el perro asocia el coche con angustia, y el estrés provoca náuseas por sí mismo, sin necesidad de que el oído interno falle. Lo importante es que ninguna de las dos causas significa que tu perro «no sirva» para viajar: la primera se pasa con el tiempo y la segunda se trabaja.
Distinguir el mareo de la ansiedad
No siempre es el estómago. Un perro mareado saliva mucho, bosteza, traga saliva y acaba vomitando, pero está relativamente quieto, a menudo tumbado. Un perro con ansiedad al coche jadea, tiembla, lloriquea o ladra, no para quieto, intenta cambiar de sitio y puede vomitar por los nervios. Hay una prueba sencilla: fíjate en cuándo empieza. Si se pone mal antes de arrancar, o incluso al ver las llaves, es ansiedad; si aguanta bien los primeros minutos y se deteriora a medida que el coche se mueve, sobre todo en curvas, es mareo. La diferencia importa porque se trabajan distinto: el mareo, acostumbrando el cuerpo; la ansiedad, acostumbrando la emoción. Y conviene saber que muchos perros tienen las dos cosas a la vez (se marearon de cachorros, lo pasaron mal, y ahora el coche les da miedo aunque el oído interno ya funcione bien), así que hay que atender las dos.
El método: ir por partes
La clave es no empezar por un viaje. Primero, que el perro entre y salga del coche parado, con premios, hasta que le guste subir. Después, sentarse dentro con el motor apagado, tranquilos, y bajar. Luego el motor encendido sin moverse. Después, vueltas a la manzana. Y solo entonces, trayectos cortos que terminen en algo bueno (el parque, no el veterinario). Se sube un escalón solo cuando el anterior va bien dos o tres veces seguidas, y «bien» significa que el perro está relajado: come los premios, no jadea de más, no babea. Un perro que no acepta comida está por encima de su umbral y no está aprendiendo nada. Cada escalón puede llevar de un par de días a un par de semanas, y no pasa nada por quedarse en uno más tiempo del previsto. Si un paso sale mal, no se repite ese mismo día: se vuelve al anterior, se cierra con una experiencia buena y se deja descansar.
Que los viajes no acaben siempre mal
Si los únicos trayectos del perro son al veterinario o a sitios que teme, el coche siempre significará algo malo. Haz viajes cortos que terminen en el mejor sitio posible: un paseo nuevo, el campo, jugar. Que el coche prediga cosas buenas más veces que malas es media batalla ganada.
Trucos que ayudan
Viajar con el estómago vacío o casi: no darle de comer las tres o cuatro horas antes, aunque sí puede beber. Aire fresco y una temperatura agradable, porque el calor dispara las náuseas; si el coche va muy caliente, ventílalo antes de subirlo. Que vaya sujeto y mirando hacia delante, no de lado, porque ver el paisaje pasar de reojo empeora el mareo exactamente igual que a nosotros leer en el coche. Una ventana entreabierta para igualar la presión y que entre aire, sin que le dé la corriente directa en la cara ni pueda sacar la cabeza. Si viaja detrás, ir en el suelo del asiento o en un transportín bajo suele marearle menos que ir alto mirando por la ventanilla. Y conducir suave: las frenadas, los acelerones y las rotondas seguidas son lo que peor llevan.
La seguridad, que no es negociable
Se acostumbra al perro pero siempre sujeto: arnés homologado anclado al cinturón para pequeños y medianos, o transportín rígido bien fijado, o rejilla separadora en el maletero. Suelto es un proyectil en una frenada (un perro de veinte kilos a cincuenta por hora golpea con el peso de una moto pequeña) y además es infracción de tráfico, con multa. Homologado quiere decir que ese arnés concreto ha pasado un ensayo de choque, no que lo ponga la caja: los arneses de paseo con un enganche para el cinturón no valen, y en las pruebas independientes muchos se rompen. El transportín, además, ayuda con el mareo y con la ansiedad, porque le da un espacio cerrado, estable y con menos estímulos visuales donde sentirse seguro. Si va en el maletero, mejor anclado contra los asientos traseros que suelto contra el portón.
Cuándo hace falta el veterinario
Si después de acostumbrarlo bien sigue mareándose mucho, o si la ansiedad es fuerte, conviene consultarlo. Hay medicación específica contra el mareo en perros, de prescripción veterinaria, que funciona bien para viajes puntuales como una mudanza o unas vacaciones; no sirve automedicar con lo que tenemos los humanos en casa, porque varios de esos fármacos son tóxicos para ellos o se dosifican de otra manera. Para la ansiedad hay tanto trabajo de conducta con un profesional como, en casos serios, apoyo farmacológico mientras se hace ese trabajo. Merece la pena también descartar que no haya una causa física: un problema de oído, un dolor que se nota más con el movimiento o una infección pueden parecer mareo de coche. No hay que resignarse a un perro que no puede viajar: entre acostumbrarlo con paciencia y la ayuda del veterinario, casi siempre tiene solución.
De cachorro suele ser físico y se pasa; de adulto suele ser ansiedad. Acostúmbralo por partes, con el estómago vacío y viajes que acaben bien, y siempre sujeto.
Contenido divulgativo de Hocicos Dulces. No sustituye el criterio de un veterinario ni de un educador canino: cada perro es un individuo.